Friday, December 29, 2006
Freud = Froi
Tuesday, December 19, 2006
Mentiras verdaderas
Saturday, December 09, 2006
Bariloche? ¡Qué lindooooo!
Saturday, December 02, 2006
No sos vos, soy yo.
Porque cuando te la digan, te juro que te la vas a creer.
(Mañana será otro día)
Sunday, November 26, 2006
10 posibles temas de tesis doctoral
1- El blog como sistema de desarrollo del ego y sublimación de la histeria.
2- El mensaje de texto como sistema de representación simbólica.
3- El After electrónico como espacio de sociabilidad.
4- El cuarenton: ¿Juventud perdida o experiencia ganada? Aproximaciones desde la teoría de los campos etarios.
5- El culotte como elemento de liberación femenina. Un horizonte teórico desde la perspectiva de Bourdieu.
6- Condiciones socio - históricas que llevaron a que una revista femenina se llame "Burda".
7- El vodka con Speed como elemento constructor de relaciones socio-sexuales.
8- El recital pop como espacio de construcción de la masculinidad.
9- Las escuelas de cine y diseño como semilleros de gente normal devenida en "cool".
10- La revista Cosmopolitan: ¿libertad de expresión o sexismo barato?
SE ACEPTARÁN SUGERENCIAS.
Friday, November 17, 2006
Killer Women
Hace dos semanas que no tengo cable. No lo pagué (por pobre pero más por colgada) y tampoco llamé para que me lo reconecten (por colgada pero más por pobre).
The thing is, que solo tengo canal 8 (Telefé) y canal 10 (Canal 13). No voy a perder el tiempo describiendo las atrocidades que dan todo el día (para mi es buenísimo porque estudio más que nunca y en dos días me comí casi toda la “Conjura de los necios” de John Kennedy Toole).
Pero el otro día llego del centro a la noche y mi hermana me dice que me siente, que estaba por empezar Mujeres Asesinas. Hacía un año que toooodo el mundo me hablaba de ese unitario, ya están dando la segunda temporada y hasta salieron los libros!!!! (porque las mujeres argentinas leen, que quede claro).
Yo nunca había visto el programa y decidí que, dadas las circunstancias, era el momento de hacerlo.
La estructura era una débil serie de patéticos diálogos que parecían escritos por un retardado mental en un viaje de diez minutos en colectivo. La historia era más boba que el cuento de Caperucita Roja. No tenía ningún tipo de vuelta de tuerca y mucho menos algún rasgo sorprendente o imprevisible. De hecho, se podía contar desde el comienzo hasta el final con solo ver la propaganda.
Los personajes parecían estereotipos de estereotipos. La chica protagonista era Rosa (la hermosa Eleonora Wexler). LA BUENA. Una chica muy bien, responsable, que trabaja y vive con su madre en una casa grande y tradicional con bizarros empapelados de flores que denotan una antigua condición de clase media – alta. Es la mujer más buena del mundo. No mataría ni a una mosca.
Rosa está de novia con Lautaro (Nicolás Pauls). UN HIJO DE PUTA. No solo la hace abortar en cuanto se entera de que ella está embarazada, (y ella lo hace, porque es muuuuuy buena y está muuuuy enamorada), sino que luego la engaña con Alejandra, la mejor amiga de Rosa a quien conoce en el gimnasio (menos mal que no se chocaron en la calle y se les cayeron los libros, creo que hubiera sido demasiado). La deja a Rosa, con quien estuvo ocho años de novio. Cuando ella le pide llorando que hablen no le importa nada de nada, y dice “que se arregle”. Se va a vivir inmediatamente con su nueva novia, quien se queda embarazada, lo cual lo hace inmensamente feliz. Aún así, se acuesta un par de veces más con Rosa, porque tiene tan pocos escrúpulos que no le importa cogérsela aunque sepa que ella está enamorada de él y su novia esté embarazada.
El personaje de Alejandra (la muy muy hermosa Antonella Costa) es, pobre, el peor de todos. UNA PERRA. No conforme con robarle el novio a la mejor amiga y darle sexo oral en el baño del gimnasio, se queda embarazada y, cuando se la encuentra a Rosa por casualidad, no siente el más mínimo remordimiento por lo que pasó y la sobra como la mejor. Cuando Lautaro le cuenta que Rosa intentó matarse (es mentira, él se la estaba cogiendo) ella contesta “Y bueno si se quiere matar que se mate”. Hasta aquí nadie puede CREER en lo más mínimo nada de lo que está pasando, ¿verdad?
Pero he aquí “el giro” de la historia. Rosa se vuelve loca al darse cuenta de que Alejandra está embarazada y empieza a idear un plan terrible.
Lo llama a Lautaro para devolverle sus cosas. Lo hace pasar y lo seduce para acostarse con él. Pero cuando están por tener sexo (en las sábanas que se habían comprado para cuando se casen) ella se levanta, agarra una pistola que tenía en el placard y LO MATA!!!! Si, si, señoras y señores, lo mata al hijo de puta, a ese que la hizo abortar, la engañó y la dejó. Porque es buena, ella es buena pero se volvió loca. Ella no tuvo la culpa.
No volví y probablemente no volveré a ver Mujeres Asesinas porque, como dicen, para muestra, basta un botón.
Lo único que puedo decir es que extraño Futurama. Mucho.
Friday, November 10, 2006
La sessantina
Bien parecido, trabajador, inteligentísimo, estoy casi segura de que ya nunca voy a conocer un chico como él.
Tuvo una vida extraña y peculiar.
A los cinco años, él y su familia emigraron de España.
A los diez, tras regresar de la escuela donde compartía con su hermana una caja de seis lápices (pero no La Razón de mi Vida, porque cada alumno tenía que tener el suyo) trabajaba haciendo los repartos de una sastrería.
A los quince, se dedicaba a armar zapatos de lunes a viernes, lo que le daba una buena cantidad de dinero. Lo usaba para ayudar a su familia y darse gustos de adulto, como bailes barriales, noches de tango, cigarrillos caros y tardes eternas en el hipódromo de La Plata, a donde iba, desde Quilmes, en tren.
A los dieciocho se fue de su casa. Dejó una nota escondida y partió hacia Mar del Plata. Estaban llegando los setenta, y ese verano pudo ver a todas las actrices de teatro de revistas posar para las cámaras en las playas, y a Carlitos Balá dando sus primeros pasos como animador de niños, aunque, cual Krusty el payaso, los puteara cada vez que no estaba en el aire.
Pocos años después, decidió buscar nuevos rumbos y, a fines de diciembre, se fue a trabajar a Bariloche por tres meses, y se quedó mas de treinta años. La primera noche lavó platos hasta las tres de la mañana en “El Chancho Negro”, la única pizzería alfombrada del país. Decidió que eso no era para él.
Al día siguiente las cosas mejoraron: consiguió trabajo de adicionista en Llao Llao, el hotel cinco estrellas más prestigioso de la ciudad. Allí, cuatro días más tarde, pasó la fiesta de Año Nuevo más lujosa que hubiera visto jamás. Trabajó y vivió en ese hotel durante siete años. Conoció a quien sería su mejor amigo y salió de parranda todo lo que pudo, casino, Grisú, scotch con hielo. Llegó a tener hasta tres novias a la vez, bueno, eran otros tiempos, las distancias eran largas y no existía tal cosa como el mensaje de texto. Hoy, algo así sería imposible.
Tras dejar el trabajo en Llao Llao, para tener su propio restaurante y trabajar más tarde en otros hoteles, decidió volver a Mar del Plata un verano. Ya estábamos en el año 1984, y él tenía cuarenta años. Una semana antes de volver conoció a una mujer quince años más joven. Se casaron casi inmediatamente. Fueron a vivir a un monoambiente donde nació su primera hija, y luego se construyeron una casita mínima cuando nació la segunda. Emigraron a España en el 90, vivieron cuatro años allí, pero se volvieron a Bariloche. Las niñas crecieron y se hicieron adultas. Se fueron a estudiar fuera de la ciudad, muy lejos de sus padres. A los cincuenta años, compró su segundo negocio gastronómico donde todavía trabaja, todos los días, muchas horas.
Sus días son rutinarios, llenos de actividades.
Los martes se queda en su casa, haciendo algún trabajo que tenga ganas.
Y a los sesenta y dos años, y tras pensarlo durante muchísimo tiempo, lo decidió. Lo decidió y no estaba dispuesto a echarse atrás. Era necesario, lo haría finalmente, qué importaba lo que dijeran.
Se compró una moto.
MI PADRE, se compró una moto.
Thursday, November 02, 2006
El día en que todo ocurrió
Al mediodía, había comido unos fideos con queso porque estaba sola y no quería cocinar.
A la tarde, había ido a la facultad a devolver unos libros y a buscar otros, y luego de allí había ido directamente al centro. Había un festival de cine en la ciudad, y la comedia sobre niños judíos que vio junto a sus dos amigas y a otro montón de gente entusiasmada sería la primera película que viera en el marco de dicho evento.
Terminó cuando ya casi era de noche, y quedaron para salir más tarde. Era jueves, pero estaba todo bien, ya hacía rato que las clases de los viernes no importaban.
Las amigas se habían quedado en el centro charlando con gente y mirando vidrieras, pero ella había preferido volverse a su casa. Tal vez no debería salir. Hacía un tiempo que no la pasaba bien cuando salía. El entusiasmo se había perdido ante la certeza casi absoluta de que todo era más de lo mismo.
No quería salir, y sin embargo fue a bañarse. Se vistió sin ganas, un pantalón cualquiera y una camperita negra. Zapatillas.
Luego de varias llamadas y mensajes de texto, decidieron encontrarse las tres en el centro y comer algo. Así lo hicieron. Se sentaron en un bar, pidieron pizza, papas fritas y una limonada. Charlaron. Rieron. Comieron. Salieron del lugar como a las doce y se fueron al departamento de un conocido, donde se reunía la gente. Como no era lejos, decidieron caminar. Ella comenzó a angustiarse. No quería ver a nadie. De hecho, descubrió que quería irse a su casa. Pero no lo hizo.
Llegaron y tocaron el timbre. Una chica conocida cuyo nombre ella sin embargo no recordaba fue a abrirles. Recorrieron un pasillo y llegaron a un pequeño departamento. Desde antes de abrir la puerta se escuchaban voces fuertes. Demasiado fuertes. Adentro, diez personas. Tal vez doce. Fumaban, bebían. Escuchaban música en un viejo tocadiscos. Las paredes del lugar eran blancas y carecían de decoración. Ella saludó a todos en general, sin detenerse en cada uno. No los miró. Se sentó en un rincón sintiéndose increíblemente angustiada, harta de la misma ciudad, la misma gente, las mismas conversaciones. Alguien le dijo que estaba linda. Sonrió sin ganas. Entró al baño y cerró la puerta, con la esperanza de que las voces no le llegaran tan claras. El espejo era muy pequeño y estaba roto. Quería irse de ese lugar. Ya.
Salió del baño, cruzó el living lleno de gente, finalmente abrió la puerta del departamento y salió al pasillo. Lo recorrió y llegó a un patio donde había unos bancos como de plaza. Se sentó en uno de ellos y decidió esperar allí a que los demás salieran. Encendió un cigarrillo. Debería haberme quedado estudiando.
Alguien le había dicho que cuando uno sale, por lo menos le puede pasar algo. ¿Pero que? ¿Qué podría pasarle? Hacía tiempo que la gente le irritaba, que no quería conversar, que no le gustaba ni le interesaba nadie.
Al fin, los demás empezaron a salir, hasta que el dueño apagó la luz y cerró la puerta.
Sus amigas se le acercaron. Venían con otro chico flaco conocido. Salieron del edificio y se separaron para irse en distintos autos. Ellos tomaron un taxi. Alguien dijo la dirección del lugar a donde iban. Llegaron al cabo de diez minutos de viaje. Las chicas reían y hablaban en francés. Ella no sabía francés y solía enojarse cuando sus amigas hacían eso. Pero nunca lo había dicho. Miró la hora en su celular. La una y media. Bueno, a las cuatro termina. Son dos horas y media. Y no salgo más. Juro que no salgo más.
El dueño del boliche los esperaba en la puerta y los hizo pasar gratis, como siempre. Como todos los jueves desde hacía seis meses. Entraron junto con otro montón de gente que había pagado. La música electrónica de siempre sonaba fuerte. En la pista más grande muchas chicas con tacos y chicos con camisas nuevas bailaban. Ella recorrió el ancho pasillo que llevaba hasta la barra. Sus amigas estaban allí. En el camino, se encontraron. Como lo había visto muy pocas veces, siempre se olvidaba de su cara y la recordaba cuando volvía a verlo. El era, probablemente y por un millón de razones, la persona que menos esperaba ver en ese lugar a esa hora.
La detuvo agarrándola por el antebrazo.
_Hola, no? _ Le dijo.
Ella sonrió con ganas y probablemente se le iluminó el rostro por un instante, sin que casi nadie lo note.
_Hola. _Le respondió. _Que bueno verte.
Sunday, October 22, 2006
cualquier parecido es mera coincidencia
http://rincondelcoke.blogspot.com/2006/10/hacia-la-libertad.html .
La miro y no doy crédito a mis ojos.
Les pido que hagan lo mismo. Tienen mi permiso para basurear sin piedad al autor de los hechos.
Que felicidad, me plagian, soy una verdadera escritora!
PD: ¿Que se podría esperar de alguien que reemplaza PJ Harvey por Evanescence???
Sunday, October 15, 2006
Hacia la libertad
_En una hora.
_Nos vemos, corazón.
Se dan un beso y se alejan en direcciones opuestas. Era domingo, pero el lunes era feriado y habían decidido ir a comer algo a la noche. Pizza, un helado, buen sexo en la casa de él. Se habían encontrado por el centro de casualidad, y ella vivía cerca. “Voy a lo de Pablo a buscar unos discos que quiero grabar, te paso a buscar como a las diez”, había propuesto él. “Perfecto”, había dicho ella y ahora caminaba hacia su casa. Le hacía ilusión la idea de salir un domingo. Había estado estudiando mucho y casi no se había movido de su casa en todo el fin de semana.
Llega al departamento, donde no hay nadie. Se había levantado temprano y estaba cansada, de hecho hubiera preferido que se encuentren más tarde para poder dormitar aunque sea un rato.
Entra al baño y se siente tentada de llenar la bañera y sumergirse una media hora, pero ya son las nueve y cuarto y él tiene que venir a las diez. No hay tiempo, piensa y abre la ducha. Se baña a toda prisa, porque sabe que no sabe qué ponerse y que va a demorar en esa cuestión. Sale del baño acalorada por el vapor y enciende el aire acondicionado de su cuarto. Se pone un pantalón nuevo y empieza a sacar remeras del placard. La verde, la roja, la blanca. La blanca, piensa y se la pone. No, la blanca se ve vieja. ¿Dónde estará la negra con mangas de tul? La busca rápidamente, pero no la encuentra y ya son las nueve y treinta y cinco, y todavía tiene que maquillarse y secarse el pelo. La verde, decide finalmente, pero con jeans. Se viste y se detiene varios minutos frente al espejo. Está feliz de estar con él. Era el chico imposible, el chico que todas querían y que de pronto la quería a ella. Llevaban casi seis meses juntos, y eso, pensaba, era mucho tiempo. Se reían de los mismos chistes, veían las mismas películas. Era genial.
Se pone unos zapatitos nuevos y se seca el pelo dejándolo húmedo porque no hay tiempo. Las diez menos cinco. Bueno, si me tiene que esperar mientras me maquillo, que me espere. Se pone crema, luego un polvo muy volátil y blanco como ella misma. Se delinea los ojos con un lápiz negro fino. Se pone rimel. Las diez y diez. Podría pintarme los labios. Prueba con un par de colores pero no la convencen y se lo saca. Diez y veinte. Ya debe estar llegando. Se pone perfume y piensa si debería o no llevar una campera. Diez y media y apaga el aire acondicionado. Se va al living. Podría ver tv un rato pero para qué si el ya llega. Finalmente lo enciende y ve un par de video clips. Shame de PJ Harvey y otros que no conocía. Las once y sus padres vuelven de la casa de unos amigos. No lo vieron?, ¿Vas a salir? Sí, mañana es feriado. ¿Necesitás plata? No, estoy bien. Se van a dormir. Las once y cinco y se da cuenta de que el portero eléctrico no funcionaba la semana pasada y de que tal vez está esperando abajo. Agarra los cigarrillos y el encendedor y baja. No está. Fuma un cigarrillo y lo espera. Las once y cuarto. Tal vez entendí mal. Tal vez fue a buscar el auto a lo del padre. Sube y llama por teléfono. Hola. Es el padre mismo. No, no está, no vino. Creo que iba para tu casa. Chau, gracias, chau. Se ve de nuevo en el espejo. Tal vez debería ponerme pollera. Tal vez le pasó algo. Sí, le pasó algo terrible, salió de lo de Pablo y fue a comprarme un regalo, pero le robaron en la calle y lo tienen de rehén junto al dueño del negocio. Pero es domingo y es de noche, y no hay nada abierto. Nada. ¿A dónde iremos a comer? Doce menos diez y se recuesta en el sillón nuevamente. Lee una revista. Se cambia la remera porque se le arrugó, pero que bueno que encontró la negra. Se mira nuevamente y se da cuenta de que está enojada. Muy enojada. Se pinta de nuevo los ojos. Se lava la cara. Cuando venga bajo en pijama y le digo que no salgo. No, a mi no. A mí no me hacen esto. No me voy a enojar, solo le voy a decir que estoy cansada. Porque estoy cansada. Me levanté a las siete y media. Debería ponerme a ver el segundo cuadernillo. Se tira en la cama, agarra el cuadernillo. No va a funcionar. Esto no va a funcionar. Te odio, te odio, por qué me hacés esto. Las doce y media, Los Simpson. Enciende de nuevo el televisor y acaba de empezar. Es el capítulo del niño fisión. Genial. Pero ya lo vio. Se recuesta y pone un almohadón detrás de su cabeza. Se queda dormida y cuando el portero suena se despierta desconcertada. Está nerviosa. No agarra la cartera porque no sale. Baja por el ascensor. Está todo mal. Está todo mal. La una menos diez. Cruza el pasillo y lo ve en la entrada. Abre la puerta y lo mira. Tiene las pupilas dilatadas y el pelo revuelto.
_Mi amor, perdón, justo llegó Juan con unas cervezas. ¿Vamos?
No se percata de su cara lavada ni de su falta de cartera. Ella sonríe.
_Vamos.
Thursday, October 05, 2006
siesta

Sunday, October 01, 2006
El mundo según Irving (qué título obvio!)
Bueno hoy la chica confundida se pone intelectualoide y habla de libros. Aprovechen, quizás no vuelva a suceder.
A las tres menos cuarto de la mañana de anoche terminé “El mundo según Garp”, cuarta novela de John Irving que leo. Y si bien debo decir que no fue mi favorita, (ninguna ha podido superar a “A widow for one year, tristemente traducida como “una mujer difícil”) sí me dejó la misma sensación que me dejan todas las novelas de este autor: son esos finales felices pero irreverentes y retorcidos. Son esos finales en los que todos los personajes que terminan vivos terminan bien, pero tras haber pasado por cosas tremendas de todas clases que los transforman para siempre.
Su modo de escribir es muy simple, sin palabras rebuscadas ni demasiados adornos, y sus historias suelen ser lineales, pero su modo de escribirlas les da un tinte único: sin intentar hacer una crítica literaria, lo que trato de decir es que Irving tiene la capacidad de relatar sucesos terriblemente dramáticos sin que lo parezcan, y de contar las cosas más inverosímiles (como que una señorita cuyo rostro está arruinado por la viruela se disfrace de oso durante años) como si se tratara de lo más normal del mundo. Parece un escritor capaz de hacer estallar la bomba atómica… sutilmente. Creo que es por eso que lo disfruto tanto.
Lo que suele hacerse siempre que uno lee varios libros de un mismo autor en un período relativamente corto es tratar de identificar sus obsesiones, y las de Irving son varias y rebuscadas. Hay elementos que se repiten en sus historias, como los osos, (reales y ficticios) o las complejas mudanzas de una familia entera al exterior (situación que, por otra parte, me recuerda a mi niñez).
Por otro lado, hay sucesos con los que este señor nacido en New Hampshire en 1942 parece tener un conflicto: la muerte infantil (que se reitera prácticamente en todas sus obras), el abuso sexual, el incesto. A diferencia de otros, sin embargo, Irving logra, con los mismos elementos, historias muy distintas una de la otra, y personajes peculiares de los que uno necesariamente se enamora cada vez. Pero lo que más llama la atención es cómo maneja los problemas, con seriedad pero sin caer jamás en el dramatismo barato al que no queremos acostumbrarnos. De esta manera logra ser más interesante y de algun modo más realista, dando siempre a entender que, no importa lo que suceda, siempre uno termina saliendo adelante y sintiéndose bien de nuevo, adaptándose a las nuevas circunstancias, normalizando lo anormal.
A todos nos pueden suceder atrocidades más o menos graves, pero la verdad es que uno se acostumbra a vivir con las culpas, las vergüenzas o los dolores de cualquier tipo. Y casi siempre se termina olvidando lo terrible, perdonando, perdonándose y sonriendo por cualquier cosa, como los personajes de los libros de este novelista americano, que recomiendo leer a todos los que disfruten de una buena historia.
Wednesday, September 27, 2006
Lost in Translation
Tuesday, September 19, 2006
DIRTY TALK*
Tengo la impresión de que hay una especie de mito que afirma que las mujeres, cuando nos juntamos “entre amigas”, hablamos todo el tiempo de hombres y de sexo. Sobre todo de sexo. Y si bien debo decir que, en primer lugar, tengo muuuuy pocas amigas a las que veo seguido y, en segundo, que casi no hablo de sexo con ellas, creo que hay cierto tipo de mujeres que ha llevado a que el mito parezca cierto. Lo que es real es una cosa: sean hombres o mujeres, la gente que solo habla de sexo es porque no tiene nada mejor de que hablar. “El sexo vende”, es muy cierto, y es un tema siempre jugoso que puede ser y es utilizado hasta el cansancio para impresionar a casi cualquier persona adulta, especialmente si es vulgar.
Es terrible descubrir cada tanto la existencia de esas mujeres que solo hablan de sexo, o sea, habiendo tantas cosas interesantes de que hablar (y por favor no crean que me estoy haciendo la superada o la “profunda”, me refiero de hecho a banalidades, pero DE OTRO TIPO) yo que se, la discoteca que tenía el sujeto en su casa, la sensación de irse juntos en un auto, o la tensión previa al “arreglotucasaolamía”… es decir, comparando con esas "pequeñas cosas" , resulta poco interesante y básicamente innecesario preguntar detalles tremendos acerca de la actitud sexual, la marca del forro, el tiempo que demoró o cuantas veces lo hicieron (y para qué hablar de las trilladas preguntas acerca del tamaño). Sobre todo porque la vida, let’s face it, no es Sex and the City y nadie que yo conozca se parece en lo más mínimo a Carrie Bradshow y muchísimo (pero muchísimo menos) a Samantha.
No obstante, los desagradables interrogatorios por parte de otra gente no son lo peor que a uno le pueda pasar, ya que siempre se puede hacerse el boludo, contestar con evasivas o aprovechar la situación para divertirse y ser deliberadamente sarcástico. Lo que sí es terrible en serio es que a uno lo tomen de punto para contarle con demasiaaaaados detalles todas esas cosas que uno, que no es un puritano cuáquero pero tampoco un imbécil, simplemente no quiere saber.
Hace unas semanas me encontré con una chica a la que no veía hacía varios meses y que, por alguna razón que todavía desconozco, (no soy rica, ni buena, ni demasiado interesante o comprensiva, y no recuerdo haber hecho absolutamente nada por ella) me adora y me vive diciendo que soy una de sus mejores amigas, cosa que me incomoda sobremanera. Como dije, hacía meses que no conversábamos, y me ilusioné cuando me llamó para que nos viésemos, ya que solía divertirme bastante con (y a expensas de) ella.
Así que fui después de clases a su bonito departamento de barrio norte, donde estaba con su novio (un sujeto que en los primeros diez minutos me preguntó de que marca eran mis zapatillas y cuanto pagaba de alquiler), su hermana y su prima (una chica igual, pero igualita a Britney Spears) ambas de dieciocho años. Cuando llegué, agotada de caminar con cuatro libros pesados en mi sucio bolso, obviamente despeinada y con el delineador que me había puesto doce horas antes casi inexistente, saludé educadamente, pedí un vaso de agua y me senté en el único sillón libre del living. El novio, gracias a dios, se fue rápido y las chicas retomaron su conversación: hablaban de jeans y yo, que solo tengo tres y bien comuncitos, no tenía realmente mucho que aportar. La chica igual a Britney decía que “no hay nada como los Ricky Sarkany” pero mi amiga afirmaba muy seriamente que a ella, “que tiene poco culo”, le quedan increíbles los Rapsodia. (Yo estaba aprendiendo que había una marca que se llamaba así y me imaginé graciosos vaqueros con push up en las nalgas). Todo esto tenía de fondo un disco de Sabina que cada tanto era tarareado por alguna de las chicas, mientras otra decía que “Es un poeta increíble. Muchísimo mejor que Arjona” (bue, por lo menos coincidíamos en que alguien es mejor que Arjona).
Cuando ya empezaba a aburrirme como un hongo y me había fumado tres cigarrillos, la conversación tomó otro rumbo. La hermana de mi amiga empezó a hablar de anticonceptivos. Su novio, que no vive en la ciudad y a quien ve bastante poco, le había dicho que las pastillas eran lo más seguro, pero ella temía que en realidad el no quisiera usar preservativos por comodidad (¿?).
Se armó una gran discusión hasta que saltó el tema de la virginidad y lo importante que era sentirse respetada por “el primer hombre al que te entregues” (textual, les juro, textual, y yo que no escuchaba ese término desde la telenovela María la del barrio en 1994). Pero hasta ahí la cosa era bastante tolerable. Lo feo feo empezó cuando la chica igual a Britney nos contó una terrible experiencia de eyaculacion precoz con él (digamos, su novio) por estar este en estado de ebriedad (los detalles, que eran muchísimos, me los perdí. Solo imaginaba a Britney Spears cogiendo con Barney de los Simpson). Luego nos confesó, sin demasiados problemas, que solo había tenido dos orgasmos en su vida. Mi amiga dijo que era bastante normal, que el sexo iba mejorando cuando uno se hacía mas grande, y me miró buscando coincidir, por lo cual afirmé (sin coincidir) con la cabeza. Pero después aclaró que con su novioelmaterialista de hace seis meses solo había tenido cuatro orgasmos, “y después de mucho esfuerzo”. Entonces pasó a aclarar en qué consistía exactamente el esfuerzo. También nos contó las posiciones, las técnicas y las fechas en las que dicha sucesión de sucesos había sucedido. Yo sentí lástima por ella, claro, eran tan poquitos, como no los iba a recordar. Pero luego mi sensación cambió y dicha lástima se transformó súbitamente en una densa repulsión: la muchacha empezó a hacer confesiones respecto a cantidades y calidades de todo tipo de cosas... y a continuación las diferencias entre los orgasmos afuera y adentro. Las jovencitas no le sacaban los ojos de encima, y solo faltó que alguna de ellas tomara un cuaderno y un lápiz y se pusiera a anotar los numerosos tips (probablemente sacados de la Cosmopolitan del mes pasado que encontre en el baño).
Fue entonces que se me nubló la vista y (felizmente) se me taparon los oídos. Solo atiné a encender un cuarto cigarrillo y a ponerme a hojear la revista del cable.
Sunday, September 17, 2006
BURGUESIA
La rubia y la morocha son hermanas. Están entre la adolescencia y la adultez, viven solas en un depto de dos dormitorios y son (felizmente) mantenidas por sus padres. Dadas las circunstancias, cada comienzo de mes se ven obligadas a tomar la tarjeta de débito y partir hacia el supermercado a comprar los víveres (antes de que sus padres lean este post y se los corten para siempre).
El lunes por la mañana, entonces, se levantaron bien tempranito, se tomaron unos cafés y se fueron a realizar la compra del mes. En la puerta del supermercado, la rubia propone tímidamente:
_Acordate que hace falta algodón. Podríamos comprar ese algodón que viene en pelotitas de colores pastel.
Ante el comentario, la morocha se pone muy seria, se detiene y le dice a su hermana (dos años menor).
_No, nena, hoy no. Hoy vamos a ser conscientes del esfuerzo de nuestros padres, vamos a revisar bien cada precio, vamos a comparar con los de los demás supermercados y vamos a comprar lo estrictamente necesario para sobrevivir hasta fin de mes. Ya somos grandes, basta de pelotudeses. Basta.
Una hora y media después, la rubia y la morocha tomaban un taxi hacia su casa cargadas de bolsas que contenían algunos alimentos en su mayoría de plástico (cajas de cereales de chocolate, hamburguesas, queso rallado, cafémuchocafé, un par de cajas de leche, puré de papas en bolsa, salchichas, ketchup, varios paquetes de fideos, muchas cajas de puré de tomate, latas de atún y paté) y los siguientes productos, que terminaron espontáneamente subiéndose a su carro cuando se acercaban al sector del algodón:
- Algodón.
- Algodón en pelotitas de colores pastel.
- Demaquillante de ojos.
- Toallitas demaquillantes de ojos.
- Jabón de coco.
- Gel para limpieza del rostro.
- Exfoliante suave.
- Esponja.
- Esponja vegetal.
- 3 cepillos de uñas porque duran poco.
- Desodorante roll on.
- Desodorante en aerosol.
- Sales de baño.
- 2 jabones líquidos para ducha (la rubia quería el violeta, la morocha quería el verde y no hubo forma de que se pongan de acuerdo).
- 2 champús (la rubia compró uno para ella porque el que tenía en su casa casi nuevo “le deja feo el pelo”. La morocha compró uno para ella porque le gustó el olor).
- Crema para peinar y,
- Gel para el pelo (ninguna de las dos usa semejante cosa, pero a esa altura que hacían cinco pesos más).
Se acercaron a la caja, un poco preocupadas por el considerable exceso de gasto en frivolidades. Pero cuando estaban en la cola, la rubia vio algo increíble cerca de la caja: una cortina de baño blanca con corazones rojos. A pesar de que se habían mudado hacía dos meses, y por lo tanto su cortina de baño era técnicamente nueva, esta era sencillamente hermosa, y no había nada que hacer. Costaba veinticinco pesos y había que llevarla. La morocha se opuso.
_No, no, ya llevamos demasiadas cosas. _Dijo como tomando conciencia de la situación. _En la cuenta solo quedaban doscientos pesos y no nos van a alcanzar los fondos para pagar esto. _Agregó muy seria.
Pasaron todos los productos que llevaban y se encontraron con una cifra grande pero feliz: 175 pesos.
_Ah, mirá. _dijo la rubia con tono inocente. _Tenemos veinticinco pesos todavía.
_Sí. _en el silencio que se hizo la tensión era insoportable. El aire se cortaba con cuchillo. A las dos les transpiraban las manos. _Bueno traéla.¡Pero rápido!
_Y bueno, somos chicas. Necesitamos cositas.
Tuesday, September 12, 2006
INFLUENZA
ADIOS, INVIERNO, ADIOS.
El miércoles es el día más angustiante de mi semana.
Trato de buscar las causas en las cuestiones prácticas: por ejemplo, que durante todo el primer cuatrimestre tuve dos clases con tres horas libres entre ambas y, como vivo relativamente lejos de la facultad, me conviene más quedarme que volver a mi casa por un par de horas y gastar el doble en colectivo (medio de transporte que detesto casi tanto como los taxis).
Por otro lado, los jueves tengo dos clases prácticas para las cuales siempre hay que leer muchos textos, y me exaspera tremendamente no poder concentrarme para leerlos los miércoles en la biblioteca de la facultad.
Por ultimo, salgo tarde, cansada y muerta de hambre, y generalmente llego a una casa vacía donde casi nunca hay nada interesante que comer ni ninguna película buena en el cable (aunque, debo decir, hay excepciones en el primer plano i – sat).
Pero la verdad es que no podría decir una razón única y verdadera para que este día en la mitad de la semana me ponga triste.
Hace dos o tres miércoles tomaba un café sola en el único lugar horrendo en donde se podía (el bar de odontología, en el cual, por cierto, está prohibido fumar) cuando la angustia me invadió como nunca, tomándome por sorpresa en medio de una frase de un libro (académico) que leía.
Decidí que necesitaba urgente y paradójicamente dos cosas: aire fresco y un cigarrillo.
Compro un marlboro suelto en el kiosco y me voy caminando al parque. Son las seis y falta una hora y media para la clase.
Busco un lugar en el césped detrás de la facultad de psicología y me siento encima de la campera de jean. Tengo unas ganas increíbles de sacarme las zapatillas y pisar el suelo descalza, pero no lo hago.
Pienso en cómo un pedazo de naturaleza (aunque sea césped sembrado en un parque, y aunque no soporto los lugares sin rastros de civilización) de pronto me hace sentir bien. Enciendo el cigarrillo y lo fumo tranquilamente.
Muy lejos, veo algunos estudiantes caminando hacia sus casas y unos cuantos autos atravesando la avenida. Entonces me doy cuenta de algo obvio: estamos en agosto, es un día de frío y sol y del cielo cae una especie de polvo negro. No. No es polvo. Son pedacitos de una sustancia que se forma producto de la quema de caña de azúcar. “Es la zafra”, dice la gente en la calle. Termino el cigarrillo y me acuesto. Miro el cielo y la sensación es la misma que al ver nevar: por más que uno se concentre y aguce la vista, no se puede saber exactamente de dónde vienen los copos. Los pedacitos negros caen encima de mí y se deshacen cuando los toco. Algunos son grandes, casi como hojas de un árbol. La mayoría son mínimos, parecen pequeños trozos de carbón. Cada uno tiene una forma diferente y una manera distinta de caer. Mientras unos lo hacen caóticamente, sin ton ni son, otros giran de forma armoniosa, algunos son alargados y tienen pequeñas prolongaciones que aletean graciosamente.
No puedo dejar de mirarlos.
Pienso en lo insalubre que es estar acostada donde estoy.
Pienso que esto es la contaminación en su estado más puro y sin embargo me siento feliz.
Pienso en Londres, en Manchester y en la primera revolución industrial.
Pienso en mis dudas y en que no tengo ganas de ir a clase.
Entonces pasa cerca mío un hombre con un niño de seis o siete años. Van de la mano. El pequeño mira el cielo y dice.
_Papá, ¿Por qué acá la nieve es negra?
El padre no contesta. Quizas está pensando en otra cosa.
Pero yo, que no puedo sacarme la pregunta de la cabeza, me voy pensando que tal vez esta ciudad es tan fea que, no conforme con castigarnos con calor en invierno, nos manda una especie de nieve que no es nieve.
Tuesday, September 05, 2006
SER MODELO ES COSA SERIA
Pero en realidad quería hablar de algo que no es exactamente una serie, sino más bien un reallity show en el que no dejé de pensar desde que a Naima, la chica de la cresta que ganó la cuarta temporada, le mostraron su foto enorme arreglada con photoshop, indicándole de ese modo que era la acreedora de un contrato por doscientos cincuenta mil dólares con la empresa Ford Models, una campaña publicitaria con Gil Bensimon y ser la nueva cara de la línea de maquillaje Cover Girl. Khalen, la perdedora que también era hermosa, no se llevó nada, que yo sepa.
Pero la cuestión es que la quinta temporada de America’s Next Top Model (la dan todos los miércoles a las 21:00 por Sony Entertainment Televisión. Yo a esa hora tengo clase de historiografía y solo me queda verla ese mismo día a la una de la mañana o los domingos a las 12 del mediodía. En ambos horarios generalmente estoy dormida, -los miércoles porque soy ñoña y en la semana me acuesto temprano, los domingos por razones obvias- pero ahora hago el esfuerzo y religiosamente lo veo. Porque no es solo un programa. Es una religión). Y todavía no sabemos bien qué pasará con estas chicas, pero en lo que a mí respecta,
Tenemos de todo un poco. Desde la blanquita bien estúpida (Nicole, carita de muñeca, nariz perfecta, expresión de “no me preguntes, solo soy una chica”) hasta la regordeta Kim, que es interesante y linda pero fundamentalmente gay (vieron esas personas gays que lo primero que dicen cuando uno los conoce es que son gays, aun muchísimo tiempo antes de que uno quiera saber que de hecho son gays, más gays que el resto de los gays. Y no es que tenga algo contra los gays, por favor no me malinterpreten). En el medio, hay una negra buenita (Bre), una negra medio mala que se lleva el mundo por delante (Nik), una flaca que me encanta que tiene unas cejas enormes y brazos musculosos (Corin), una gorda que nadie entiende muy bien que hace ahí porque además de ser gorda es una pésima modelo (voto porque haya un concurso de modelos gordas. Si no, se presta a que uno diga que sigue ahí solo porque es gorda y le tienen lástima, y si la sacan van a decir que la sacaron porque es gorda y las demás son flacas) y un montón de otras chicas que no llaman demasiado la atención ni creo que ganen.
Es interesantísimo ver a lo largo de cada capítulo como las chicas seenfrentanaretosdificilísimos como correr en una cinta, caminar con ojotas, maquillarse sin espejo o dejar que les corten el pelo como quieran (entiéndase: como quieran los mejores estilistas del mundo). Así, hemos visto en la temporada pasada a la pobre Lluvy, esa hermosa chica con cara de actriz de los años treinta irse porque no salió bien en una foto (que le sacaron con un short de jean y una remera rota, en una especie de potrero lleno de barro, con gomas de tractor y viento y agua cayéndole encima), o despedimos a Cassandra porque, habiéndole cortado ya su espantoso pelo eternamente castaño y lacio, le dijeron que se lo cortarían dos centímetros más y no quiso, por lo cual se fue voluntariamente.
Capítulo tras capítulo, Tyra Banks (que les lleva quince años y aún así les rompe el culo a todas) va despidiendo a las chicas que nosabenloquequieren, nosecomprometenconelmodelaje (cosa seria) o simplemente nomuestranlasuficienteenergía. Pero, enfrentémoslo. Las que hasta ahora se fueron, son las más feas. Mejor dicho, no exactamente las feas, sino esas que son demasiado flacas, buenas, inexpresivas o que no generan quilombo. Porque cuando son dos lindas las que quedan (pongamos por ejemplo el último capítulo, estaban Sarah y Kim) siempre echan a la menos problemática. Y como Kim es gay, si, ya lo sabemos, eso necesariamente generará problemas. Se puede enamorar de alguna, romper corazones o simplemente seguir expresando hora tras hora lo confundida que está acerca de quien es, y usando esas camisas con corbatita y pullover escote v (aunque se sepa que hace treinta grados porque las demás están en musculosa). Hay un par de consejos de Tyra que rescato después de todo, como eso de no hablar de tus defectos porque se notan más o si hacés una boludes, hacer como si no pasara nada.
Lamentablemente, estamos en el tercer mundo a donde todo llega con un año de atraso, y por lo tanto a través de internet ya sé quien va a ganar (era obvio) . Pero de todos modos mañana a la noche me compro un chocolate y espero con ansiedad que sea la una, preguntándome quien será la próxima víctima.
Tuesday, August 29, 2006
COSAS DE HOMBRES
Pasan cuatro chicas lindas y ambos sujetos se quedan mirándolas.
Sujeto A: Me quiero poner de novio.
Sujeto B: (No dice nada, asiente con la cabeza mientras ve a las damas alejarse)
Sujeto A: (Intentando captar la atencion) Yo quiero una chica indie.
Sujeto B: Vos sos un pelotudo.
Sujeto A: (abriendo grande los ojos) ¿Pero por que?
Sujeto B: (No dice nada, niega con la cabeza).
Sujeto A: ¿Por que decis eso? quiero conocer una chica genial, enamorarme, estar bien.
Sujeto B: (Piensa un momento) Puede que tengas razón.
Sujeto A: ¿Ves? ¿Ves que entendés lo que te digo?
Sujeto B: El problema es que a vos te gustan las snob, hermosas, con dinero, inteligencia y mucho talento artístico.
Sujeto A: (Abre los brazos, comprende que él y su amigo hablan el mismo idioma). Claaaaaro, de una. Eso quiero.
Sujeto B: (Junta los labios y niega). No la vas a conseguir. Conformate con una hippie.
Friday, August 25, 2006
LIQUIDACION!
Aprovechando el fin de semana largo, me fui a Santiago del Estero a visitar a mis primas, con quienes solo comparto el sexo y la franja etaria.
Habiendo llegado a la mañana, me llevaron al centro a que mi prima la mayor se compre un pijama (no recuerdo cuando fue la ultima vez que me compré un pijama. Ella se compro cuatro. todos Caro Cuore).
En las escasas vidrieras del centro de aquella deprimente "ciudad", vi varias remeras para chicas, muy lindas y exclusivas, algunas con diseños psicoldélicos o pintadas a mano. Pero me llamaron particularmente la atención una roja de
Jimmy Page y una blanca de Elvis Costello. Y pensé dos cosas.
a) Que bueno que existen remeras de bandas para chicas
y
b) Que bueno que se consiguen en lugares como Santiago del Estero.
Y ambas premisas me llevaron a una conclusión
c) Que bueno que en Santiago del Estero hay chicas que escuchan buena música y consiguen fácilmente remeras de sus bandas favoritas.
Me quede con ese pensamiento, lamentando no tener en ese momento treinta pesos para comprarme alguna. A la noche salí con mis primas a un bar (más tarde me enteraría que de hecho es "el unico" bar decente de Santiago)que estaba, después de dos daikiris, bastante bien. Se escuchaba The Cure, Depeche Mode, y, lo mejor de todo, ¡se podía fumar adentro! (imposible no pensar en la 7575 de tucuman).
Mis primas, lookeadas como corresponde, saludaban a todo el mundo y me presentaban, hasta que se acercaron a nosotras tres chicas que nos dieron besos y nos invadieron con sus perfumes. Miré en primer lugar a la más alta, una morocha flaca y linda con el pelo larguísimo y mucho maquillaje. Pero lo que me llamó más la atención fue su remera: sobre un fondo negro, ahí estaba, sin saber exactamente qué hacía ahí, la tapa de London Calling.
Las chicas conversaban animadamente entre ellas hasta que empezaron a despedirse. Entonces, alegre como estaba, me animé y le pregunté qué otro disco de The Clash le gustaba. Me miró con los ojos muy abiertos durante unos segundos (le deben haber horrorizado mis zapatillas y mi carré pasado de moda)y luego contestó, hediendo a chicle de sandía, que NO SABIA DE QUE LE ESTABA HABLANDO.
Mi primer impulso fue pegarle, sí, darle una piña, recortarle su remera hermosa con una tijera y mandarla de vuelta a las vidrieras de los koreanos, de donde nunca tendría que haber salido. Pero no lo hice porque no me gusta la agresión física y sobre todo porque era mas alta, mucho más alta que yo.
Me quedé callada mirándola, aunque ella por supuesto ya no me estaba mirando. Cuando las chicas empezaron a irse y me saludó, le dije en voz muy baja "tenés una remera de The Clash". Y en voz más baja aún, casi inaudible con la gente alrededor que gritaba I will survive, le dije "sos muy estúpida". Le conté la anécdota a mi prima la más grande. Sonrió y dijo "mejor, es la novia de mi ex". Y se alejó a comprar un trago con su remera de Led Zeppelin. No me atreví a preguntarle si los conocía. Prefiero el beneficio de la duda.
Wednesday, July 26, 2006
Oh, l'amour...
Estoy medio obsesionada con Paul Auster hace un tiempo a pesar de que empece a leerlo hace poco y solo lei dos libros. Pero en "la noche del oraculo" inesperadamente me encontre con una definicion del enamoramiento que me parecio sensata y por lo tanto genial. El protagonista (Sidney Orr, un escritor que luego de una larga enfermedad vuelve a escribir) describe como se enamoro de Grace, su esposa: "Grace era una mujer atractiva, pero en aquellos tumultuosos momentos que presidieron nuestro primer encuentro, mientras le estrechaba la mano y veía como se sentaba junto al escritorio, pude darme cuenta de que no poseia una belleza extraordinaria, de que no era una de esas diosas del cine que intimidan con el hechizo de su perfeccion (...) me dio la impresion de ser inteligente, pero a medida que se iba desarrollando la entrevist y escuchaba sus ideas para la cubierta, vi que no poseia una gran capacidad de expresion (vacilaba frecuentemente mientras se detenia a pensar, su vocabulario se limitaba a palabras breves y funcionales, no parecia tener mucha capacidad de abstraccion), y nada de lo que dijo aquella tarde fue especialmente genial o memorable (...) pero se me ocurrio que nunca habia conocido una mujer que irradiara tanta serenidad, tanto aplomo en su manera de ser, como si hubiera alcanzado ya, a los veintisiete años, un estado de existencia superior al del resto de los mortales. Se percibia una asombrosa ausencia de lucha interior, un equilibrio mental que parecia eximirla de los habituales conflictos y agresiones de la vida moderna: falta de confianza en uno mismo, envidia, sarcasmo, necesidad de juzgar o menospreciar a los demas, el punzante, insoportable dolor de la ambicion personal. Grace era joven, pero poseia un alma madura y curtida, y sentado frente a ella aquel primer día en la sede de Hoslt y McDermott, de eso es de lo que me enamore: la sensacion de calma que la envolvía, el radiante silencio que ardía en su interior."
Me siento identificada en un sentido negativo: eso es lo que quiero y lo que no puedo encontrar. Me da la sensacion de que el autor ya superó definitivamente las etapas en las que uno se enamora de alguien solo porque es lindo, tiene camperas retro, conoce de musica y cine todo el tiempo esta demostrando lo genial que es.
Quiero alguien como Grace, un punto medio entre los ingenieros civiles y los ya insoportables chicos cool. Quiero ver otras cosas en la gente. ¿Por que es tan dificil?